martes, 23 de diciembre de 2014

Lo que te queda

Hoy hace justo cuatro meses que cogí el vuelo de vuelta desde Nairobi destino "mi vida de siempre" después de tres semanas viviendo una experiencia que sabía que dejaría una huella en mi vida. Lo que no sabía en aquel momento era cómo sería esa huella y hasta qué punto afectaría a mi vida. 

No pasa un solo día en que no piense en ellos y me pregunte cómo estarán, si en estos meses habrán cambiado mucho, cuánto habrán evolucionado, y aunque mi vida continúe y aparente pocos cambios exteriores, por dentro algo a cambiado. Es una sensación extraña, que no mala, de tener siempre presente otra realidad. Una que por cuestiones del azar no me ha tocado vivir, pero que ahora conozco de cerca.

Uno de los pequeños que conocí, Gidion, hijo de Bea (la profe de los más peques con discapacidad), está ingresado en el hospital desde el sábado.  A parte de la hidrocefalia que sufre, padece de una especie de anemia (nunca me quedó muy claro qué tenía exactamente) que se agrava cada cierto tiempo y termina en el hospital de urgencia. Me escribo con su madre a diario y estoy preocupada. Y me siento atada de pies y manos sin saber si puedo o debo hacer algo más. Sin saber si allí le estarán atendiendo de la mejor manera o si ese niño podría tener un tratamiento mejor aqui. Y me encantaría disponer de más medios para ayudar, pero eso es irreal, así que me consuelo pensando en que mis pensamientos positivos y mi energía llegarán hasta Gidi y su familia, y que eso tendrá algún efecto. 

Gidi es un luchador y saldrá de ésta. Confío en él. Confío en ti, Gidi!