viernes, 31 de julio de 2015

Hoy hace un año

Hoy hace un año estaba cargada de nervios. Contando las horas para coger ese avión rumbo a una experiencia inolvidable y que iba a dejar un rastro en mi vida, que estoy segura que perdudará para siempre. 

Lo que sucedió durante las tres semanas siguientes lo fui narrando en este blog. Todo lo que he vivido durante este año, desde que volví, o casi todo, me lo he quedado yo. Va siendo el momento de plasmar mis reflexiones y los pequeños pasos, hatua kidogo, que he ido dando desde entonces. Estoy buscando ese momento para hacerlo tranquilamente. Próximamente...


martes, 23 de diciembre de 2014

Lo que te queda

Hoy hace justo cuatro meses que cogí el vuelo de vuelta desde Nairobi destino "mi vida de siempre" después de tres semanas viviendo una experiencia que sabía que dejaría una huella en mi vida. Lo que no sabía en aquel momento era cómo sería esa huella y hasta qué punto afectaría a mi vida. 

No pasa un solo día en que no piense en ellos y me pregunte cómo estarán, si en estos meses habrán cambiado mucho, cuánto habrán evolucionado, y aunque mi vida continúe y aparente pocos cambios exteriores, por dentro algo a cambiado. Es una sensación extraña, que no mala, de tener siempre presente otra realidad. Una que por cuestiones del azar no me ha tocado vivir, pero que ahora conozco de cerca.

Uno de los pequeños que conocí, Gidion, hijo de Bea (la profe de los más peques con discapacidad), está ingresado en el hospital desde el sábado.  A parte de la hidrocefalia que sufre, padece de una especie de anemia (nunca me quedó muy claro qué tenía exactamente) que se agrava cada cierto tiempo y termina en el hospital de urgencia. Me escribo con su madre a diario y estoy preocupada. Y me siento atada de pies y manos sin saber si puedo o debo hacer algo más. Sin saber si allí le estarán atendiendo de la mejor manera o si ese niño podría tener un tratamiento mejor aqui. Y me encantaría disponer de más medios para ayudar, pero eso es irreal, así que me consuelo pensando en que mis pensamientos positivos y mi energía llegarán hasta Gidi y su familia, y que eso tendrá algún efecto. 

Gidi es un luchador y saldrá de ésta. Confío en él. Confío en ti, Gidi!


lunes, 1 de septiembre de 2014

Songa Mbele en la TV

Ayer fue el Día Internacional de la Solidaridad y Songa Mbele ocupó unos segundos de las noticias de fin de semana de Antena 3.

Aqui el link para leer la noticia y ver el video:

http://www.antena3.com/noticias/sociedad/tres-voluntarios-cuentan-experiencia_2014083100092.html

NUEVO LINK: http://www.antena3.com/noticias/sociedad/tres-voluntarios-cuentan-experiencia_201408315722ace24beb28d446ff5e6a.html

sábado, 30 de agosto de 2014

Vuelo de vuelta

Se esperaba un largo camino de vuelta. Dos vuelos, uno de cinco horas de Nairobi a Doha y otro de siete horas de Doha a Madrid, con una escala de más de siete horas en Doha. 

Antes de salir, y como no podía ser de otra forma, hicimos la última excursión al Uchumi para comprar cositas para el camino y alguna que otra cosa para casa. 

 
Charles & co. nos llevaron al aeropuerto y a partir de ahí la imaginación y el buen humor hicieron del primer vuelo un viaje muy ameno. 

Estas son una ideas de cómo hacerlo.







Por cierto, MAL muy mal Qatar Airways por poner cilantro en los tres platos que ofrecían para comer. Bien la azafata que se preocupó por ello y tomó nota de este desastre culinario. I hate cilantro. 

Una vez en Doha, y con más de siete horas de espera por delante decidimos hacer una visita a la ciudad. Por algo más de 20 euros de visado (se paga al momento con tarjeta de crédito) y unos 10 euros por persona de taxi nos atrevimos a salir a un ambiente de unos 37 grados con un porcentaje de humedad del 70-80%. Un infierno que unos llevaron mejor que otros. 

Nos dieron un paseo fugaz en taxi por la zona de los rascacielos. Había oscurecido ya en Doha así que gracias a que los edificios estaban iluminados pudimos disfrutar de unas vistas increibles de su skyline de noche. Eso sí, costó lo suyo que alguna foto saliera decente. 




Después nos fuimos a dar una vuelta por el zoco, que está abierto hasta las 5 de la madrugada. El calor era insoportable, la humedad peor aún, y menos mal que el zoco tiene aire acondicinado porque si no creo que habríamos durado muy poco por allí. 

Tuve la suerte de poder coincidir con Chema, un amigo de Madrid que vive en Doha con su familia desde hace unos meses, que nos llevó a un restaurante libanés muy chulo. Cenamos muy bien y mucho.


Tocaba volver al aeropuerto y lo hicimos con tiempo. La espera hasta el siguiente vuelo fue larga, pero no se me olvidará nunca la siguiente imagen: los siete sentados o tumbados en el suelo, en el pasillo al lado de la puerta de embarque, cantando a lo grupo scout católico "nampenda, mbwana Jesu nampenda". Las caras y las sonrisas del resto de los pasajeros lo decían todo. Cómo me lo pasé!

Una vez en el avión y con el estómago lleno de comida libanesa no nos quedó otra que dormir. Todos caímos rápido. 


El vuelo nocturno se hizo relativamente corto, siempre intentando encontrar una postura semi-cómoda durante la que poder seguir dormitando hasta que llegó el desayuno y el puntual aterrizaje en Barajas.

Con la tranquilidad de haber llegado y la penita que todos llevábamos dentro porque el fin de nuestra experiencia keniata estaba muy próximo, los sentimientos encontrados nos acompañaron por el aeropuerto. Y cómo no, seguimos cantando nuestro ya famoso "nampenda.." en el tren que une la T4S y la T4. 


Recogida de equipajes y triste DESPEDIDA.

Chicos, ha sido un auténtico placer compartir estas tres inolvidables semanas con vosotros. Vosotros tenéis gran parte de culpa de que esta experiencia haya sido única y una de las mejores de mi vida. Gracias. Os quiero. 

viernes, 29 de agosto de 2014

Flashback: el último día

He necesitado unos días para escribir sobre el último día en Songa Mbele. Entre el aterrizaje a mi vida normal y el cúmulo de sensaciones que aún estoy procesando, no he sido capaz de tomarme ese momento de calma que se necesita para ello. 

Fue un día muy intenso y emocional. Creo que me salvó que gran parte del día la pasé en cocina, dónde no estaba tanto tiempo en contacto con los niños. 

Llegamos por la mañana como todos los días, pero con el corazón en un puño, sabiendo que era el día del adiós. Nada mas llegar al centro y dejar las cosas en la nuestra salita, me acerque a la unidad de los más peques discapacitados. Me asomé por una de las ventanas del contenedor que sirve de aula, les miré, les saludé uno a uno por su nombre y sólo la idea de no volverles a ver al día siguiente hizo que se me saltaran las lágrimas. Y ahí comenzó un no parar. 

Pasé a la clase de los especiales. La mayor parte de ellos no entendía que era nuestro último día, son muy pequeños o con una discapacidad que les impide entenderlo, pero algo sí sentían. Debían de sentir algo especial porque desde que entramos en su aula no pararon de abrazarnos y darnos besos, y de mirarnos con esos ojos y esas miradas tan diferentes que ellos tienen. Me podría haber quedado horas y horas con ellos: con Moha, con Georgi, Milka, Papa.. Con todos, incluso con Llorro que te puede llevar al límite con sus trastadas pero al que perdonas de inmediato cuando te mira con ojitos de perdón y te come a besos. Fue muy emotivo, con risas mezcladas con lágrimas, necesitando más de dos brazos para poder abrazarlos a todos y queriendo parar el tiempo, para no tener que dejar de hacerlo.



Con Georgi, Moja, Llorro y Christopher

Las horas en la cocina con Grace, María, Queltxa, Iñigo y Daniel pasaron rápido. Había que preparar la comida para los más peques y para los mayores y adultos, a los que ese día nos tocaba comida especial de despedida. No hay muchas posibilidades de cocinar algo excepcional en esa cocina que consta de  dos fuegos a base de carbón y de "sufurias", ollas sin asas en las que se cocina todo, pero sí hicimos algo distinto y fue la primera vez que cocinamos carne en las tres semanas que estuvimos allí. 

Los chicos con Grace cortando la carne

"Cook and dance"

Por suerte nos libramos del ugali en nuestro último día. Habíamos llevado las tortillas hechas el día anterior y unos bizcochos comprados en el Uchumi, así que la comida, con todo el staff del centro y nosotros voluntarios alrededor de la mesa sí que consiguió el toque de despedida. Palabras de despedida y agradecimiento por parte de varias personas durante el postre, y yo con un nudo en la garganta que lo máximo que me permitió decir fue un "I can't speak". 

El resto de la tarde transcurrió entre más abrazos y mini-despedidas personales, organización de foto de grupo, y tratando de hacer fotos con los ojos para guardar en la memoria cada persona y esquina de Songa. 

Como si el cielo se hubiera contagiado de nuestras emociones, y después de un día espectacular durante el cual el cielo lució azul la mayor parte del tiempo, justo a la hora prevista de nuestra salida se tiñó de gris oscuro y empezó a llover. Tormenta. Nos metimos todos debajo del pequeño tejado que cubre la zona del day-care y ahí esperamos a que amainara entre canciones, largos abrazos, lágrimas, risas y niños agarrados a nuestras piernas diciendo "don't go to Spain". Fue muy duro. Me marcaron las lágrimas de Marco, un niño tímido que todos los días me chocaba los cinco y me pidió en alguna ocasión que le sacara fotos. Quiso aguantar, y durante mucho tiempo nos miraba desde la distancia, pero ya no pudo más y rompió a llorar cuando nos dimos un abrazo. Y de Mary, que estuvo un buen rato riéndose de las lágrimas ajenas y al final también se rindió. Moha iba a lo suyo. No se soltaba, me abrazaba como si supiese que no iba a haber más abrazos, pero luego me miraba y se reía como un loco, y me hacía salir de esa angustia en la que ya estaba metida. Mirarles a los ojos y pensar qué va a ser de estos niños me superaba. 




Despedida de Moha

La mitad del grupo se fue para casa en cuanto paró un poco la lluvia, otros nos quedamos esperando el pedido de camisetas del centro que decían que estaba al llegar y no llegó. Durante ese rato cantamos, charlamos y pudimos disfrutar de un maravilloso arcoiris doble que salió tras la tormenta. Me encantan los arcoiris. Calma. 


La idea inicial era que el momento de la despedida fuese rápido, pero no se puede predecir la reacción del cielo. 

Nos fuimos tristes. Echando ahora la vista atrás yo creo que me encontraba en un estado de shock durante el camino a casa. Adiós Songa, adiós niños, adiós amigos. Espero veros de nuevo pronto. Gracias por todo lo que me habéis dado, por haberme permitido vivir y compartir esta maravillosa experiencia con todos vosotros. Llevaré siempre dentro de mí un pedacito de cada uno. 

Asante sana.