sábado, 16 de agosto de 2014

Del slum al cráter, fin de semana completo

El sábado habíamos quedado con Consolata y los conductores a las 8.30 para ir al slum de Kibera. La misma congregación que lleva la casa en la que nos alojamos aqui en Nairobi tiene allí un centro, y nos ofrecieron ma posibilidad de hacer una visita. Siguiendo el horario keniata Consolata no ha aparecido hasta las 9.30 pasadas y sin prisa se ha tomado un té y unas tostadas antes de emprender el camino. Creo que para cuando me empiece a acostumbrar al tema de la impuntualidad local, habrá llegado el momento de marcharme.

Kibera se encuentra a una media hora de casa, en la zona suroeste de Nairobi y es el slum más grande de Africa. En el viven más de un millón de personas en unas condiciones pésimas. Pascal, un seminarista yarumal, nos llevó a los trece a conocer el slum por dentro. Fueron tres horas en las que me enfrenté a una realidad que siempre había visto muy de lejos, a través de una pantalla. Una realidad que no quieres ver, porque la pobreza y la suciedad que inundan las calles del slum hacen que se tambaleen tus cimientos. Tuvimos la oportunidad de entrar en dos casas. Las dos muy similares: cuatro paredes divididas por una sábana, a un lado ocupa el espacio una cama, al otro, la zona de estar con unos sillones, sofás y una mesa. Esta segunda zona hace las veces de cocina y por la noche de dormitorio, al sacar los muebles y poner colchones o esterillas donde puedan dormir las 6, 7 u 8 personas que habitan estos no más de 20 metros cuadrados. Las dos mujeres que nos atendieron en sus casas hablaban muy bien inglés y colaboraban con los religiosos para localizar casos extremos o personas enfermas en el slum. Fueron muy amables con nosotros y respodieron a todas las preguntas que teníamos, que no eran pocas. 

A pesar de la situación de extrema pobreza en la que viven, la gente con la que nos cruzamos nos sonreía, en especial los niños, todos ellos con ropa vieja y zapatos destrozados, que no paraban de mirarnos y preguntar a gritos "how are you?". 

Vista general de una zona de Kibera

En el slum

El la segunda casa que visitamos

Una de las "calles" principales

Niños jugando

(También saqué varios videos cortos. A ver si los subo a Youtube y pongo aqui el enlace.)

No sé si por desconocimiento, inconsciencia, osadía o porque íbamos acompañados de Pascal, en ningún momento de las tres horas que estuvimos visitando Kibera tuve sensación de inseguridad o de miedo. Íbamos en grupo, moviéndonos entre la gente y saludando a quien nos miraba o saludaba. Después de visitar la segunda casa y ya en el camino de vuelta a la casa de los Yumaral, un grupo de hombres pararon a Pascal y se pusieron a hablar con él. Pensábamos que eran conocidos suyos pero cuando llamaron a Flor al grupo nos enteramos de que eran un grupo que se denominaba "seguridad" dentro del slum (a donde por cierto no entra la policía) que decía que no podíamos andar por allí libremente, que era muy peligroso. Querían acompañarnos a la salida, pero dijeron que no podían en ese momento, después nos dijeron que fuésemos a su "sede" hasta solucionar el tema, cosa que no entendimos bien. Les explicamos lo que hacíamos allí y emprendieron el camino de vuelta con nosotros, y después de un par de minutos desaparecieron. En ese momento sí que fuimos conscientes de que aquello no era un paseo, pero llegamos sin ningún problema al lugar donde nos recogían los coches. 

Fuimos a comer a Westlands, lo que viene a ser el punto opuesto al slum. Zona de clase alta, donde viven los expatriados. Una sensación extraña te recorre el cuerpo. Demasiado contraste en tan pocas horas. 

Después de comer María, Queltxa, Marcos y yo nos fuimos al Museo Nacional. Estaban a punto de cerrar cuando llegamos pero pudimos hacer una visita rápida. 

Haciendo el tonto con María y Marcos a la entrada del Museo

El búfalo nos persigue

El león del Athletic

Tocando la "txalaparta" keniata

El domingo de nuevo madrugón para ir al Monte Longonot, un volcán inactivo a menos de 100 km de Nairobi. Nos esperaba un trekking de unas 5 horas, con un recorrido de subida de 3,1 km (los mismos de bajada) y otro alrededor del cráter, una vez arriba, de 7,2 km. Una caminata nada fácil porque había tramos con mucho desnivel y con un terreno de arenilla o piedras que resultaba muy duro, pero mereció la pena. En dos palabras im-presionante. 



La vuelta en el autobús se nos hizo muy larga pero nos regaló unas vistas impresionantes del atardecer en el Rift Valley.

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