martes, 19 de agosto de 2014

Última semana

El lunes a primera hora estuve en una sala con los fisioterapeutas que acuden cada lunes para hacer terapia con los niños con discapacidad. Conocen a todos ellos, sus problemas y sus necesidades, y pasan todo el tiempo necesario con cada uno haciendo estiramientos y ejercicios de fuerza y equilibrio para mejorar en lo posible su motricidad que en muchos casos es casi nula. Los pequeños ya están acostumbrados y la mayor parte de ellos no se queja e incluso disfruta de ese rato. 

Después pasé a la clase de Bea, la de los más pequeños. Ahí nos hicieron un encargo, que fue, colorear dibujos para decorar el aula-contedor, así que nos pusimos manos a la obra y cogimos unos plastidecor, nos fuimos al comedor y nos pusimos a pintar. 

Pintando con Raquel y las Marías

Selfie pintando

Comida en el comedor, espinacas con ugali, y rato de ocio con los enanos. 

De nuevo con Moja (creo que no he dicho aún que tiene 9 años, y es un mico)

Con Carro, Moha y María

Después de la visita de rigor al Uchumi para comprar la cena y con las bolsas en la mano, un grupo nos fuimos a tomar una cervecita al Piccolina, el lugar más decente de la zona. Cenita tarde en casa y a la cama. 

El martes esperaba levantarme con más agujetas de las que tenía por la paliza del domingo, pero parece que mi cuerpo está más en forma de lo que pensaba. 

Había prevista una visita al Mukuru slum a lo largo de la mañana, pero antes de eso nos dio tiempo a hacer un par de cositas en el centro y yo me puse a pintar la caseta que servirá de sala de espera para el sábado. 

En plena faena con María

La visita del slum fue el hit del día. Íbamos acompañados de Peter y Victor (que pertenecen a una organización para el desarrollo que colabora con Songa Mbele), Bea, Consolata y otro hombre, y esto nos ha dado mucha seguridad. Mukuru, dentro de la pobreza de sus casas y sus habitantes, tiene otro aire. Nos hemos movido por callejones muy estrechos, entre casas hechas de chapa, por suelos llenos de fango por donde se mueven libremente tanto niños como gallinas, y aqui tampoco han faltado las voces que preguntaban a gritos "how are you?". 

Mukuru slum

Semillas de baobab

Basura en el rio

La visita a la casa de Bea (antes entramos a la de otra familia de uno de los niños con discapacidad del centro) me encantó. Ella tenía muchas ganas de que fuéramos a verla. De nuevo te encuentras con una espacio ínfimo en el que habitan 8 personas y es cuando decides que no volverás a llamar "zulito" a tu casa en Madrid. 

Las "casas" del slum no tiene baño. Hay baños públicos en algunas zonas, pero para usarlos hay que pagar una tasa por cada vez que se usan. Creo que Bea nos dijo que cada uso eran 15 chelines (unos 11 céntimos) y teniendo en cuenta el poco dinero del que disponen y el tamaño de las familias, ir al baño es un lujo. Nos hablaron del sistema "flying toilets", gratuito, pero no voy a entrar en detalles. 

En la casa de Bea

Seguimos con la ruta por el slum. Yo iba con los ojos muy abiertos, haciendo infitinas fotos con ellos y algún que otro video con la GoPro. Cada callejuela, cada esquina que doblas te sorprende, unas veces te encuentras niños jugando, otras animales, otras mujeres lavando y tendiendo la ropa. En algunas calles hay tiendas y negocios. Pequeños chiringuitos donde la gente intenta ganarse la vida: peluquerías, talleres de costura, fruterías, tiendas de chuches... La mayor parte de la gente adulta del slum sale todos los días en busca de un trabajo temporal, sin tener asegurada la cena de esa noche. 

El grupo en uno de los puentes que cruza el rio

Peter y Simon nos llevaron a ver la granja de conejos que tiene su organización en el slum. En un pequeño espacio cedido gratuitamente tienen la intención de criar hasta doscientos conejos con la idea de venderlos a los comercios. Aqui en Kenia el conejo es un alimento habitual y con el se hacen las samosas de carne, triangulos de pasta fritos rellenos de verduras y/o carne. 

Con los conejos

Ya de vuelta en Songa Mbele comimos rápido porque por la tarde íbamos a visitar a Sister Mary en uno de los centros de las Sisters of Mercy. La reunión con ella fue muy interesante. Sister Mary en una mujer mayor que lleva en Kenia casi 40 años trabajando para mejorar las condiciones en los slums, promoviendo la educación. Nos contó anécdotas, sobre todo de sus inicios, cuando por ejemplo entrar en el slum era arriesgarse a salir de alli sin nada, en ropa interior. Una vez que a ella le rodeó un grupo de jóvenes, ella con miedo les pidió que por favor no le quitaran la ropa, a los que los jóvenes le contestaron que no se preocupara, que sólo querían darle las gracias por haber ayudado a un hermano suyo. Además le pidieron que siguiera ayudando, que ellos ya eran unos criminales, pero que sus hermanos no. 


El miércoles fue matador. Era el día de hacer las máscaras de yeso y esta actividad nos ocupó todo el día. A los niños les encantó y alguno iba por ahí diciendo que tenía una "musungu mask". Musungu es lo que nos llaman por las calles al vernos pasar. Acabé agotada por estar todo del día de pie entre estos monstruítos que quieren verlo todo, tocarlo todo y que se ilusionan con cada actividad que se les propone. Les voy a echar de menos. Mucho. Empiezo a sentir ya la penita de la despedida. 

Algunas fotitos de las máscaras



Por la tarde quería ir a tomar unas cervezas al Piccolina pero a Flor le ha enmarronado Consolata con la producción de un video sobre Songa para el día de las puertas abiertas y me quedé trabajando con ella. 

No queda nada.. Esto se está pasando demasiado rápido. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario