Ya en el aeropuerto de Nairobi vivimos nuestras primeras anécdotas. En la aduana intentaron hacernos pagar impuestos por un conmutador (ni idea de lo que es eso) de segunda mano que traíamos para un chico de aqui. Así a ojo, sin ni siquiera ver el aparato, calcularon que eran 80 euros, pero tras intentar explicar lo que era y hacernos un poco los locos, dijeron que adelante, que pasábamos sin pagar nada, no sin antes reirse mucho mientras lo decían.
Con la maletas, en el parking, nos teníamos que distribuir entre los tres coches que vinieron a recogernos. Había unos cuantos locales echando una mano y tratando de organizar el grupo. Yo estaba con un grupito un poco apartado, con las cosas ya metidas en el coche que nos correspondía, y uno de ellos se nos acercó, preguntando y organizando y nos pidió una propina para los chicos que estaban ayudando. Nos costó entenderle, el inglés de aqui dista mucho del que estoy acustumbrada a escuchar, pero lo decía con tanta seguridad, señalando a todos, que yo, muyyyy tonta, le solté 20 euros!! Olé olé!! Va el tio, se los guarda y se pira!!!! Pringada!! Una y no más...
Cansados llegamos a la casa en la que nos alojamos, nos repartimos las habitaciones y a dormir!

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