Ayer cocinamos alubias con repollo y ugali (una especie de masa cocinada que se queda seca y hace las veces de pan). Fue el primer día que yo comí en el comedor, porque los demás días he comido de sandwich. La semana que viene creo que comeré todos los días; el menú de ayer estaba muy bueno.
También hicimos otra entrevista por la mañana, esta vez a la madre de Mike, un niño epiléptico que está en la clase de los peques con discapacidad. Otra historia, otra vida. Resulta muy duro escuchar que a una mujer le abandona su marido cuando ve que su hijo es discapacitado. Que una vez separados él tiene un accidente y que vuelve a casa para que ella se ocupe de él hasta que muere. Que toda su familia la ha dejado de lado porque la epilepsia está considerada como algo contagioso y que si ese niño entra en una casa, esa casa se queda con epilepsia. Desinformación que hace de estas vidas un infierno. Ella está sola y Songa Mbele es una tabla de salvación.
Los peques y el personal del centro siguen ensayando para el día 23. Ayer tocaba ensayo general y allí estuvimos todos de público.
Por la noche salimos a cenar a Westlands a un restaurante etíope, Abyssinia. La cena estaba riquísima, muy picante, y sobre todo muy exótica. De nuevo a comer con las manos.







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