miércoles, 13 de agosto de 2014

Niños muy especiales

Lo primero, y antes de contar mi día, quiero hacer un cosa que ayer se me olvidó, y que es dar las gracias a todos mis compañeros de trabajo y amigos que han colaborado ya sea con gomitas para las pulseras, globos, otros materiales de ocio o educativos, ropa o dinero en este proyecto. No os podéis imaginar lo agradecida que estoy al poder ver las caras de los niños disfrutando de sus donaciones. Un gracias o ASANTE en mayúsculas para cada uno de ellos.

Hoy he pasado el día junto con Flor en la clase de los niños con discapacidad más pequeños o más severos. La clase es un contenedor de esos de transporte de mercancías, sin más mobiliario que un colchón, las sillas adaptadas para los niños (y no siempre suficientes para todos) y una mesa sobre la que la "ticha", la profesora Beatrice, guarda todo el material de apoyo. Beatrice es una mujer de 34 años, madre de seis hijos, que se casó a los 16, después de quedarse huérfana de padre y madre a los 10 años y de tener que hacerse cargo de sus hermanos pequeños. Tuvo que abandonar la escuela y lleva un par de años intentando retomar los estudios, a la vez que se entrega en cuerpo y alma a sus niños de Songa Mbele. Lo dice, se ve y se siente. 

El aula

Con Beatrice y Flor cantando

En toda la mañana no hemos parado de cantar, se nos oía por todo el centro, canciones en swahili, inglés y español, intentando hacer partícipes a los pequeños, aunque muchos de ellos, dado su alto grado de discapacidad psíquica, no diesen muchas muestras de ello. Aún así, todos y cada uno de ellos tienen su momento de protagonismo y no hay nada que se pueda comparar a adivinar una sonrisa en sus bocas, aunque su mirada esté ausente o viceversa, tras cantar su nombre o aplaudirles después de una canción.

También les he dado de comer, el porridge de media mañana y la comida. Me he salvado por los pelos de bañarme en porridge después de un manotazo de Reuben a la taza que contenía su almuerzo. 


Dando de comer a Reuben

Las horas en el centro han pasado muy rápido entre los niños y que nos han dejado salir media hora antes para ir a un mercadillo de artesanía local que ponen los miércoles en el parking del Uchumi (a esta paso voy a tener que poner una foto de este sitio). 

Casi todos nos hemos vuelto un poco locos con las compras y nadie ha vuelto a casa con las manos vacias. Eso sí, la sensación de que no has negociado bien el precio (el tema del regateo es fundamental) de cualquier cosa y de que has pagado seguramente más de lo que debías, no te la quita nadie. 

Fotitos varias del día

Con María y los enanos

El comedor

Café de media mañana en una taza del Frankfurter Weihnachtsmarkt

Peques

A este no le conozco. Se sentó a mi lado y no dijo nada. Es autista.

Para reflexionar

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